Tecnología

Uso de telefonía móvil en la infancia

¿A partir de qué edad conviene que los niños tengan su propio teléfono móvil?

Edad recomendada De 4 a +13 años

Son muchos los expertos que recomiendan atrasar la edad de uso de dispositivos móviles entre los niños hasta, al menos, los 13 años, pero todo depende de las circunstancias personales de cada niño, de su madurez mental y de su sentido de la responsabilidad. Lo que es seguro es que tener su propio móvil a edades excesivamente tempranas (antes de los 10 años) no les beneficia en absoluto.

Cuanto más tarde, mejor

 

El desarrollo de las nuevas tecnologías ha provocado un uso indiscriminado de aparatos de televisión, ordenadores, tablets, videojuegos, teléfonos móviles y otros dispositivos, tanto entre los adultos como entre los niños. Así lo explica la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) que señala, además, que el uso del teléfono móvil es cada vez mayor entre los niños más pequeños y que la edad de inicio en las nueva tecnologías se sitúa en torno a los 2 y 3 años, que es cuando empiezan a usar los 'smartphones' y tabletas de sus progenitores para pintar, colorear o ver películas o vídeos en YouTube.

En este contexto, los padres se preguntan a qué edad entregar un teléfono móvil a su hijo y aunque muchos, la mayoría, no considera necesario que los niños lo tengan a edades excesivamente tempranas, lo cierto es que casi todos terminan cediendo a la presión social y dejando que sus hijos tengan sus propios Smartphones para que no se diferencien del resto de sus compañeros.

Sin embargo, la utilización de este tipo de aparatos móviles entre los niños debería estar relacionada, en primer lugar, con la edad en la que estos empiezan a independizarse. Es entonces cuando, verdaderamente, los teléfonos pueden ser instrumentos de utilidad, tanto para ellos como para que sus padres puedan ejercer un mayor control sobre sus hijos cuando están fuera del entorno familiar.

También habría que tener en cuenta el grado de madurez mental de los niños, pues este tipo de aparatos pueden tener efectos muy adversos -como la alta dependencia a ellos que pueden ocasionar o los riesgos de estar expuestos a la influencia de desconocidos al otro lado de la Red, y conviene que los niños sepan hacer un uso responsable de los mismos.

Pocos son los niños menores de 13 años que están preparados para hacer un uso indiscriminado de estos dispositivos y aunque se les permita utilizar los de los padres en determinadas ocasiones –y siempre bajo la supervisión de un adulto–, deben entender que son aparatos que requieren mucha responsabilidad y que no son aptos para su edad. Restringiendo de esta forma su uso, los padres evitarán que creen sus propias redes sociales, acepten invitaciones de desconocidos, los usen a horas intempestivas, los lleven al colegio o los distraigan de sus deberes.  

La edad mínima, entonces, para tener un teléfono móvil personal debería situarse en torno a los 13 años (cuando los niños empiezan a tener cierto grado de independencia y a formar sus propios grupos y círculos de amistades, también on line) y si puede retrasarse hasta los 15 o 16, mucho mejor. Pero una vez con el teléfono en el bolsillo, es responsabilidad de los padres fijar un uso responsable del mismo, limitándolo a unas horas determinadas para evitar adicciones y malos usos, no dejando que duerman con ellos en la habitación ni que lo usen en el colegio o durante las comidas (aquí conviene predicar con el ejemplo), supervisando las aplicaciones y archivos que se descargan, bloqueando el acceso a determinados contenidos y poniendo en su conocimiento los riesgos y peligros a los que se pueden enfrentar. También se aconseja que el teléfono tenga una tarifa prepago, lo que supone un mayor autocontrol por parte del menor, al tener que gestionar el crédito del que dispone.

Para no sucumbir a la presión social y ser una de esas familias excepcionales cuyos hijos no tienen móvil hasta edades muy avanzadas, los padres deben mantenerse firmes en sus convicciones y planteamientos, y así mostrarse ante los demás y ante sus hijos, sin un ápice de duda. Además, han de dedicar más tiempo a sus hijos y estimularles para que practiquen actividades de ocio, juego, lectura o deporte, de forma que, sin prohibir el uso de las nuevas tecnologías, los niños restrinjan de forma natural su uso y se eduquen en la responsabilidad que conllevan. 

EXPERTO:

Pepa Benavent

Periodista

Licenciada en Periodismo y Publicidad y experta en comunicación corporativa, marketing, organización de eventos y relaciones institucionales.