Emociones

Un bebé con afecto, un bebé feliz

Se nace con la tendencia innata de apegarse a la persona protectora que nos cuida

Edad recomendada De 0 a 3 años

Claudia Schutt

Psicoterapeuta
ver más


Lo que un bebé vive en sus primeros años de vida conformará su ADN afectivo. Cuanto más tiempo le dediquemos más contribuiremos a un desarrollo emocional saludable. Descubre las pautas que contribuirán a fomentar la felicidad de tu hijo.

 

Existe una interacción estrecha entre los factores ambientales y genéticos

El estudio del apego es ampliamente tratado en psicología. En 1960, John Bowlby fundamenta la teoría del apego y justifica que  ‘los seres humanos nacen con la tendencia innata de apegarse a la persona protectora que los cuida’. El vínculo o apego es la relación afectiva intensa que se desarrolla entre los padres y su hijo por asociación temprana y frecuente. Establecer este vínculo es esencial para una correcta salud física y mental a lo largo de la vida. El fomento de un apego seguro permite crear personas con autocontrol, empáticas y más sensibles ante las diferentes experiencias que se presentan a lo largo de la vida. La construcción de un vínculo afectivo adecuado implica expresar el afecto, hacer sentir amada y especial a la otra persona, y aceptar sus cualidades, tanto las que nos gustan como por las que no nos gustan tanto.

Numerosas investigaciones recientes proponen que existe una interacción estrecha entre los factores ambientales y los factores genéticos; es decir, el ser humano nace con determinado potencial de aprendizaje y de habilidades que el ambiente puede facilitar u obstaculizar. La experiencia ha demostrado que aunque existan diversos factores intrapersonales que intervienen en el desarrollo psicosocial, muchas habilidades que se adquieren dependen fundamentalmente de las interacciones con los cuidadores y con el medioambiente que los rodea, en especial la familia. La calidad de la  relación padres-hijos, la satisfacción de las necesidades de los hijos, la estimulación… van a contribuir a formar seres con capacidades cognitivas necesarias para relacionarse de modo competente con su entorno físico y social. La confianza y seguridad que el niño pueda adquirir sentarán las bases de su futura base emocional. (Barudy & Dantagnan, 2005, 2010, Gracia & Misitu, 2000, Muñoz, 2005, Palacios & Rodrigo, 1998, Richaud, 2005).

Desarrollo del vínculo afectivo desde la etapa fetal

El reconocimiento de las múltiples capacidades del cerebro empieza desde la etapa fetal y va avanzando gradualmente hacia las distintas etapas del desarrollo del ser humano. Durante los nueve meses del embarazo se construye el cerebro humano, se inicia el desarrollo de los sentimientos, se comienza a establecer la sensibilidad emocional y comienza el funcionamiento del sistema nervioso. Todo aquello que favorezca este desarrollo ha de tener consecuencias positivas para hacer del niño un ser resiliente, es decir, alguien único, capaz de enfatizar sus potencialidades y sus recursos personales que permiten enfrentar situaciones adversas y salir fortalecido, a pesar de estar expuesto a factores de riesgo. Esta es una tarea de todos los adultos que tienen la responsabilidad de cuidar y proteger a niños y adolescentes, asegurarles afecto, confianza básica e independencia.

La primera figura significativa en la vida afectiva del niño es la madre, o quien ejerza su función, fuente de afecto y cuidados para que la criatura pueda subsistir biológicamente, desarrollarse psicológicamente e integrarse socialmente. También es importante la figura del padre, con los distintos papeles que le asigna cada cultura. El vínculo de un hijo con su madre es  indispensable para su desarrollo y éste se fortalece con la lactancia materna, a través de la cual el niño reconocerá a su madre ya no sólo por su ritmo cardíaco, sino también por el olor, la manera de sostenerlo, la presión de sus brazos, el tono de su voz, y sobre todo su  afecto materno (mirada, caricias, palabras de cariño que le dirige al bebé, la manera de sostenerlo junto a su pecho al darle de mamar y los cuidados que le brinda). Esto irá fomentando en el niño el aprendizaje de la expresión del afecto y la capacidad de poder expresarlo en diferentes contextos, con diversas personas y poder así tener un mejor desarrollo emocional, el cual se convierte en uno de los componentes esenciales de su futura confianza básica. Si el niño tiene confianza en sí mismo también confiará en los demás reforzando así su autoconfianza y  su autoeficacia.

REFERENCIAS:

Barudy & Dantagnan, 2005, 2010, Gracia & Misitu, 2000, Muñoz, 2005, Palacios & Rodrigo, 1998, Richaud, 2005.

De la Parra Paz, 2013.

EXPERTO:

Dina Figueroa Guzmán

Psicoterapeuta Conductual

Profesional en Psicología, con grado de Maestra en Modificación y Terapia del Comportamiento.

Tips