Aprendizaje

¡Mi hijo es un tirano!

No lo olvides: somos padres, no esclavos de nuestros hijos

Edad recomendada De 4 a +13 años

Un exceso de autoridad puede perjudicar las relaciones familiares y hacer que los hijos pierdan la confianza paterna. Pero también la falta de ésta convierte a los hijos en tiranos y a los padres en sus esclavos. Y es que educar conlleva demostrar cierta autoridad y no ceder a los caprichos y exigencias de nuestros hijos, por pequeños o inocentes que sean. Si no quieres ser víctima de su tiranía, aplica las siguientes pautas:

Demuestra autoridad y no cedas a la tiranía de tus hijos

1. Educa en el respeto a los mayores. No sólo tienen que respetar a los padres por el hecho de serlo sino también por ser mayores que ellos y tener más experiencia vital. Y eso significa que deben respetar también a todas las personas de mayor edad: abuelos, tíos, vecinos, maestros, amigos de la familia o extraños, todos se merecen  el respeto de nuestros hijos. Lo mejor es empezar a educarles desde muy pequeños y no tolerar ninguna falta de respeto, por inocente que parezca. Saludar a los mayores, cederles el asiento en el autobús, ayudarles si lo necesitan o contestar cuando les hablan directamente son sólo algunos ejemplos de lo que los niños deben hacer para mostrar respeto a sus mayores.

 

2. No cedas siempre a sus caprichos. Claro que hay que conceder caprichos a los hijos, sobre todo cuando han demostrado buena conducta, han sido respetuosos con los demás o han cumplido con sus obligaciones. Pero si les damos todo lo que quieren, indiscriminadamente y de forma compulsiva, perderemos la autoridad para decir que no y cuando lo intentemos veremos cómo los niños se transforman en pequeños “monstruos” a los que no podremos doblegar.  Nuestros hijos tienen que aprender que no siempre se consigue lo que se quiere, que el esfuerzo y la perseverancia son básicos para obtener lo que deseamos y que hay que saber esperar el momento oportuno para conseguirlo.

 

3. No te conviertas en su criada o en su mayordomo. Cuando los hijos son pequeños tendemos a hacer todo por ellos: les ponemos la mesa y les servimos la comida, les organizamos la mochila y les preparamos el uniforme escolar, resolvemos sus conflictos, les dictamos los deberes, les hacemos la cama, les duchamos, les peinamos, etc. Obviamente, si son muy pequeños tendremos que hacer la mayoría de estas tareas, pero debemos aprender a “soltar amarras” e ir dándoles responsabilidades de forma gradual. Si cuando tengan 15 años seguimos sirviéndoles en la mesa o preparándoles la ropa que se han de poner, que no nos sorprenda si en lugar de como padres nos ven y tratan como criados y consideran que nuestro hogar es un cómodo hotel.

 

4. Cumple siempre lo que dices. Tus hijos tienen que tener la seguridad de que tú eres una persona que cumples con lo que dices, tanto si se trata de imponer castigos como de hacer promesas.  Esto es muy importante para que ellos tengan absoluta confianza en ti y en lo que dices y para que no olviden quien pone las reglas entre vosotros. Cada vez que impongas un castigo ten en cuenta que lo puedes cumplir y no lo levantes bajo ningún concepto. Por ejemplo, es mala idea castigarles sin vacaciones de Navidad si ya tienes comprados unos billetes de avión para ir a la playa o si toda la familia os espera en otra ciudad. Si tus hijos no reciben el castigo esperado, habrás perdido toda autoridad ante ellos y te será difícil recuperarla. Y lo mismo ocurre con las promesas. Una promesa que no cumples es una oportunidad perdida para que tu hijo sienta respeto por ti. Y así será difícil que te lo demuestre.

 

5. Enséñales a esperar para conseguir las cosas que desean. Que lo que quieren lo podrán tener en su cumpleaños, en Navidad o cuando las notas escolares sean buenas son algunos de los argumentos que podemos utilizar para que aprendan a esperar. Aunque para ello, el arma más eficaz es una hucha con la que aprender a ahorrar. Porque ahorrar es eso: esperar a tener el dinero suficiente para comprar lo que deseas. Mi consejo es que compres una hucha, escribas en ella el propósito del ahorro y le pongas fecha de apertura, por ejemplo, un año después. Los niños sufrirán por las ganas de abrirla, sobre todo cuando su sonido indique que ya acumula bastante dinero, pero pronto se acostumbrarán y esperarán –ansiosos, eso sí– el momento de abrirla, contar el dinero y salir de compras.

 

6. Hazles partícipes del esfuerzo y sacrificio que hacéis por ellos, pero sin servidumbres. Que no crean que eso es algo innato a la paternidad, sin más. Está claro que los padres tenemos una serie de deberes y obligaciones con los hijos; ellos lo saben y muchas veces se aprovechan de ello. Pero los hijos también los tienen con sus padres y esto es algo que no pueden olvidar. Que no hemos nacido para servirles y que ellos tienen que aportar su grano de arena a la convivencia y el respeto familiar, son argumentos que debemos repetir como un mantra, hasta que sean plenamente conscientes. Nos esforzamos y sacrificamos por ellos, sí, pero a cambio deben mostrar respeto, tolerancia, esfuerzo y capacidad de sacrificio, en su justa medida.

 

7. Sé su mejor ejemplo. La mejor manera de educar en el respeto es sirviendo de ejemplo. Si nuestros hijos ven que a los abuelos les gritamos o les faltamos el respeto, no les tenemos en consideración o no les atendemos como se merecen, no podemos esperar que ellos se comporten con nosotros de otra forma. Por eso es importante educar en el ejemplo. Es casi imposible que nuestros hijos se conviertan en tiranos si viven en un ambiente en el que prima la tolerancia, el respeto, el sentido de la responsabilidad y el cuidado a los mayores. Y recuerda que un hijo, al nacer, es como un folio en blanco. De aquellos que le educan depende lo que quede marcado en él. 

EXPERTO:

Pepa Benavent

Periodista

Licenciada en Periodismo y Publicidad y experta en comunicación corporativa, marketing, organización de eventos y relaciones institucionales.