Aprendizaje

¿Hasta qué punto es bueno que mi hijo se aburra?

Un poco de aburrimiento contribuye a fomentar las capacidades creativas de los niños

Edad recomendada De 4 a 12 años

En términos generales, los niños no tienen tiempo para aburrirse. Una exhaustiva planificación del día por parte de sus padres y demasiadas tareas escolares les impide poder decidir en qué emplear su tiempo libre, o simplemente aburrirse. Y aunque estar constantemente aburrido es síntoma de que algo no funciona bien, tener tiempo para aburrirse puede ser muy positivo para desarrollar ciertas capacidades creativas.

Los expertos recomiendan dejar a tiempo a los niños para no hacer nada

El ritmo de vida actual es tan elevado que hace que los niños tengan una agenda excesivamente ocupada, hasta el punto de que apenas tienen tiempo libre. Desde que salen del colegio se les ocupa la tarde con numerosas actividades extraescolares, bien porque los padres necesitan que los niños estén atendidos para poder trabajar o bien porque quieren complementar –en la mayoría de los casos en exceso– su formación académica o desarrollo personal.

 

Esta gran cantidad de actividades y ocupaciones a las que sometemos a los niños les hace adquirir el hábito de estar constantemente realizando tareas impuestas por los demás, por lo que apenas tienen tiempo libre para hacer lo propio de un niño, que es jugar, estar con otros niños, pensar qué hacer, aprender a estar solo o aburrirse. Al no contar casi con tiempo para crear, inventar, imaginar, disfrutar de sí mismos o de otros niños, etc., cuando de manera esporádica tienen posibilidad de hacerlo, en general no saben qué hacer. Es entonces cuando comienzan a llamar la atención de los adultos, a reclamar cosas materiales que llenen sus vacíos creativos, a comportarse mal y a decir constantemente que se aburren. Y esto a menudo revierte en importantes problemas familiares, peleas entre hermanos, discusiones padres-hijos. En definitiva, el niño no sabe estar sin hacer nada ni sabe aburrirse, por lo que se generan situaciones conflictivas en el seno de la familia.

 

Para evitar estos conflictos y ayudar al desarrollo emocional de nuestros hijos, los expertos recomiendan dejar tiempo a los niños para no hacer nada en especial; contar con momentos para ellos, que les permitan imaginar, jugar, crear, pensar, soñar, entretenerse con pequeñas cosas o desarrollar sus propias relaciones personales. Y también  hay que permitir que los niños se aburran, pero de forma que resulte positivo para ellos. En este sentido, se pretende que los niños sepan tener tiempo para esto, que aburrirse no les genere ansiedad y que, incluso, aprendan a sacar partido al aburrimiento.

 

Aburrido sí, pero no siempre

En el sentido opuesto, los padres debemos evitar que el niño pase demasiado tiempo sin hacer nada y sintiendo el aburrimiento como hábito constante en su vida. Es fundamental que nuestros hijos sean capaces de entretenerse por sí mismos y con cosas pequeñas. Para evitar que caigan en el aburrimiento constante es importante enseñarles a jugar, proponerles ideas entretenidas y ayudarles a que ellos también las desarrollen, sugerirles cómo pasar el tiempo a solas o encontrar hobbies que les puedan interesar. Esta tarea hay que llevarla a cabo cuando son muy pequeños, pero sin pasar demasiado tiempo con ellos para que no adquieran la necesidad de contar siempre con nuestra compañía o la de otros, algo a lo que los niños se acostumbran demasiado rápido. Para evitar esto sólo hay que darles ideas y consejos, pero no participar de ellos.

 

En definitiva, debemos permitir que los niños tengan tiempo libre y disponible para poder aburrirse, de forma que esto les sea útil para desarrollar su personalidad, pero sin que caigan en un aburrimiento constante que les genere conductas negativas ni conflictos familiares. 

EXPERTO:

María Campo Martínez

Pedagoga

Licenciada en Pedagogía. Diplomada en Magisterio de Educación Infantil. Asesora de Eduka&Nature.