Emociones

Empatía: enseñar a “ponerse en los zapatos de otros”

¿Cómo podemos enseñar a los niños a considerar las emociones de otros?

Edad recomendada De 4 a 7 años

Claudia Schutt

Psicoterapeuta
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La empatía es la capacidad para identificarnos con el estado emocional de los demás, pudiendo responder de manera complementaria o adecuada al contexto. Se refiere a “ponernos en el lugar del otro, sintonizados con lo que les pasa”. Eso quiere decir que se trata, no solo de “calzar los zapatos de los demás”, sino también de poder “caminar tal como lo harían ellos”.

Es una capacidad que debe fomentar la familia

La empatía es una habilidad que, bien desarrollada, nos permite establecer mejores vínculos sociales, y precisamente por eso es sumamente importante potenciarla desde temprana edad. Si bien algunas personas parecen tener una tendencia natural a ser “más empáticas” que otras, no se trata de una habilidad innata, sino que se desarrolla por medio de la interacción social ya que está íntimamente ligada a la expresión emocional.

Podemos inferir entonces que la empatía puede (y debe) ser una de las habilidades que los padres fomentan en sus hijos. Sin embargo, la mayoría de los padres se orienta a enseñar a sus hijos a diferenciar letras, números, colores y animales, en lugar de emociones, pues desconocen la importancia fundamental que un buen vocabulario y reconocimiento emocional puede tener en el desarrollo integral del niño.

Estudios recientes han comprobado que cuando los niños son capaces de reconocer y expresar sus emociones tienen menos problemas de conducta y mejores relaciones sociales. A pesar de hallazgos como estos, ante, por ejemplo, el llanto o la “cara fea” de un niño, los padres tienden a decir cosas del tipo “no pasó nada”, “no llores” o “no es para tanto”, invalidando su experiencias emocionales. De hecho, se consideran despectivamente o perjudiciales las emociones negativas como el enojo y la tristeza, lo cual lleva a inhibirlas. Sin embargo, estas emociones tienen funciones de autorregulación, siendo saludables y necesarias para el óptimo desarrollo, especialmente ante situaciones de pérdida. Además, la inhibición de estas emociones podría llevar a limitaciones en la empatía, pues se rechazarían las manifestaciones de tristeza y enojo en los demás.

¿Cómo potenciar la empatía?

En la escuela también debe potenciarse el desarrollo de la empatía pues es el momento en que el niño pasa a tener contacto con sus iguales y, obviamente, con una amplia variación de manifestaciones emocionales ante diferentes sucesos. No obstante, desde los primeros años de vida los padres pueden hacer mucho por ayudar a sus hijos a ser más empáticos, incluyendo las siguientes sugerencias:

  • Ser sensible a las necesidades emocionales de los niños, especialmente en situaciones negativas: Los niños serán más empáticos si sus padres se muestran sensibles hacia sus emociones y preocupaciones; es decir, cuando se muestren “empáticos” con su estado emocional. De este modo, lograrán que se sientan más seguros y tendrán un modelo a seguir que les demuestra comprensión. De hecho, la base de la conducta empática se inicia con el apego y la seguridad que los padres proveen a los niños desde que son bebés.

  • Evitar los estilos de crianza rígidos y autoritarios: Estos estilos de crianza promueven las reglas arbitrarias y desconsideran las emociones. Se ha comprobado que es más probable que los niños internalicen nuevas conductas cuando conocen las consecuencias negativas de sus actos, en sí mismos y en otras personas. Esto además potencia el desarrollo de una conducta moral. Por lo tanto, es importante que tengas paciencia y hables con tus hijos sobre las implicaciones de sus actos en diferentes situaciones, ayudándolos a razonar con preguntas del tipo “¿Qué pasaría si…?”.

  • Validar las emociones: Permite que tu hijo exprese libremente sus emociones, aun cuando sean negativas. Déjalo (y aliéntalo) a hablar de las cosas que le molestan y preocupan, demostrando una actitud empática, con comentarios del tipo “Seguramente debes sentirte triste por haber peleado con Juan. Entiendo cómo te sientes, pues yo me sentiría igual”.

  • Educar: Aprovecha las situaciones de la vida cotidiana para educar sobre la empatía. Por ejemplo, cuando presenciéis un evento adverso, ya sea en la calle o en la televisión, habla con tu hijo sobre cómo cree que las personas involucradas podrían estar sintiéndose. Permítele tomar perspectiva y pregunta: “¿Qué crees que sienten/piensan/desean esas personas?”, “Si fueras tú en esa situación, ¿cómo crees que te sentirías?”. Escucha su respuesta y corrígela si no es un ejemplo saludable de empatía.
  • Jugar: Una manera eficiente de aprender a reconocer los estados emocionales de los demás es por medio del reconocimiento de las expresiones faciales. Al reconocer “qué están sintiendo los demás”, es más sencillo inferir lo que piensan y cómo podrían actuar en consecuencia. Existen varios juegos que pueden realizarse con este fin, por ejemplo: hacer “caras” en el espejo, tomándose turnos para identificar la cara del otro. Podéis hacer caras de “felices”, “enojados”, “asustados”, “avergonzados” y de cuantas más expresiones se os ocurran. Otra forma de hacerlo es “buscar expresiones faciales” en revistas o álbumes de fotos, jugando a “imaginar” qué podría estar pensando y sintiendo la persona de la foto.
  • Ser un modelo: Recuerda que los niños aprenden con el ejemplo más que con las palabras. Demuestra conductas empáticas ante las diferentes situaciones adversas que experimentes en tu vida, verbalizando tus emociones y pensamientos, para que tu hijo “vea y aprenda” cómo actuar. 

Recuerda siempre que la empatía es fundamental para poder convivir de manera más sana con los demás, siendo sensibles ante las necesidades de quienes nos rodean. No es lo mismo que “sentir pena”, sino que implica una profunda comprensión y sensibilidad con los problemas que atraviesan los seres humanos, independientes de su sexo, edad, raza, condición social, nacionalidad, religión o condición sexual. En resumen, ser empáticos es ser “más humanos”.

Referencias

  • Brophy-Herb, H. E. et al. (2015). Toddlers with Early Behavioral Problems at Higher Family Demographic Risk Benefit the Most from Maternal Emotion Talk. Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics. doi: 10.1097/DBP.0000000000000196
  • Decety J., & Jackson P.L. (2004). The functional architecture of human empathy. Behavioral and cognitive neuroscience reviews, 3 (2), 71-100.
  • Dunn J. et al. (1991). Young children’s understanding of the other people’s feelings and beliefs: Individual differences and their antecedents. Child Development, 62,1352-1366.
  • Pizarro, D.A., & Salovey, P. (2002). On being and becoming a good person: The role of emotional intelligence in moral development and behavior. En J. Aronson (Ed.), Improving academic achievement: Impact of psychological factors on education (pp. 247-266). San Diego: Academic Press.

EXPERTO:

María Celeste Airaldi

Psicóloga

Psicóloga, Directora de Sensorium, docente universitaria y de cursos de posgrado.

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