Emociones

¿Cómo motivar a nuestros hijos?

El impulso que adquiere el individuo hasta cumplir sus objetivos

Edad recomendada De 0 a +13 años

Claudia Schutt

Psicoterapeuta
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El concepto de motivación se refiere al movimiento hacia un fin o, lo que es lo mismo, el impulso que adquiere el individuo hasta cumplir sus objetivos. En los niños intervienen unas variables concretas con las que podemos captar su interés. 

Los niños se mueven por sus propios intereses de placer

El origen del término “motivación” lo encontramos en el latín, combinando las palabras “motus” que significa movido y “motio” que significa movimiento. En la historia de la Psicología la “motivación” ha estado siempre muy unida al concepto de necesidad: la motivación nos conduce a poner en marcha acciones para satisfacer una necesidad. Abraham Maslow formula su teoría en 1943 sobre la motivación humana, basada en una jerarquía de necesidades humanas que deben ser satisfechas por el hombre, desde las más básicas hasta los deseos más elevados:

  • Fisiología: respiración, alimentación, descanso, sexo, homeostasis…
  • Seguridad: seguridad física, de empleo, familiar, salud, propiedad privada…
  • Afiliación: amistad, afecto, intimidad…
  • Reconocimiento: confianza, respeto, éxito…
  • Autorrealización: moralidad, creatividad, espontaneidad, resolución de problemas…

Variables motivadoras en los niños

El niño, al igual que el adulto, también necesita cubrir sus propias necesidades, desde las más básicas a deseos más complejos. Sin embargo, en este caso intervienen otras variables que hemos de tener en cuenta para captar su interés y lograr que su impulso vaya dirigido hacia los objetivos más apropiados:

  • Curiosidad innata: existen áreas de interés en cada ser humano, que dependen de nuestras características de personalidad y experiencias vividas. Es importante que los adultos sepamos ajustarnos a los intereses de los más pequeños, para adaptar las actividades de aprendizaje a estas temáticas.
  • Modelos adultos: Los adultos servimos de modelo para los aprendizajes del niño, se basan en nuestro comportamiento para repetirlo mediante la imitación. Es necesario, que ofrezcamos un modelo de individuo que se plantea metas e intenta alcanzarlas mediante el esfuerzo. De esta forma, le predisponemos para emitir este tipo de comportamiento.
  • El juego y su nivel de atractivo: Los niños desarrollan gran parte de sus habilidades y facultades a través del juego. Es un espacio en el que se familiarizan con lo real, participan en la resolución de los problemas y elaboran otros procesos cognitivos superiores.
  • Refuerzo de su impulso hacia el logro: Otro de los factores principales es el reconocimiento del otro. El menor necesita la aprobación de su educador (padres y profesores) para sentirse seguro. El niño necesita afecto, aprobación y alegría del educador cuando se aproxima a aquellas metas que desea alcanzar.
  • El reto de “ser mayor” debe irlo interiorizando; es decir, el niño tiene que encontrar ventajas en crecer pues es el único modo de dirigir su conducta hacia la madurez, la responsabilidad y el esfuerzo personal.
  • Control de su propia conducta. Aunque supervisemos y orientemos en el proceso, el niño tiene que tener la percepción de cierto control sobre su conducta. Así, se responsabilizará plenamente de lograr sus propios objetivos por sí mismo.
  • Entorno agradable. El contexto en el que aprende debe ser agradable, un entorno confortable, cálido y lleno de afecto.

Autoestima y auto-concepto

Para que cualquier ser humano se dirija hacia la acción y alcance sus propios objetivos es necesario que tenga un adecuado concepto de sí mismo. Si la autoestima es baja, la persona creerá que no tiene capacidad suficiente para alcanzar sus retos, aunque esta percepción no esté ajustada con la realidad.

Al niño le ocurre lo mismo que al adulto, necesita confiar en sus posibilidades para esforzarse en alcanzar sus retos.  Su autoimagen va a depender tanto de la opinión que tengan las personas más cercanas y que se lo hagan saber, como de la información percibida por su propia experiencia.

Tipos de motivación

Existen dos tipos de motivación, la motivación intrínseca y la extrínseca. La primera proviene del interior de la persona, la tarea la lleva a cabo por la satisfacción que experimenta cuando aprende, explora o entiende. La segunda depende del exterior, la persona actúa para lograr premios o reconocimiento o evitar castigos o desaprobación.

Los niños más pequeños se mueven por sus propios intereses de placer o satisfacción inmediatos, pero no son capaces de esforzarse para lograr recompensas internas a largo plazo. Es decir, son capaces de actuar por motivación extrínseca pero no por motivación intrínseca. La única forma de ir generando sus propias motivaciones internas es que el adulto le vaya ofreciendo motivaciones extrínsecas para alcanzar sus logros.

Desmotivación

La desmotivación es un sentimiento marcado por la ausencia de esperanza a la hora de resolver obstáculos. A largo plazo puede generar insatisfacción, disminución de la energía o incapacidad para experimentar entusiasmo.

En los niños, la desmotivación para alcanzar sus objetivos puede encontrarse relacionada con una estimulación inadecuada, dificultades en el historial de aprendizaje, entorno desfavorecido, fracasos a lo largo de su evolución, falta de hábitos, bajas expectativas, prejuicios, falta de conocimiento o habilidades.

Todos estos factores hay que tenerlos en cuenta cuando se considera la posibilidad de desmotivación en un niño. En este caso, se recomienda hacer una valoración por parte de un experto en todas estas áreas citadas, para valorar las causas, intensidad y otros contextos interferidos. A partir de este momento, hay que jerarquizar metas y proponerse pasos pequeños y realistas para alcanzarlas de manera progresiva

estrategias para favorecer la motivación en los niños

La motivación supone una de las bases fundamentales para el aprendizaje, así resulta crucial trabajar desde el colegio y desde casa en la motivación de los niños, a través de las actividades cotidianas (recoger y ordenar el cuarto, aseo personal, hacer los deberes, poner la mesa…) o nuevas capacidades (aprender a nadar, a montar en bici, relacionarse con los demás…). Para ello podemos utilizar:

  • Actitud positiva, que nos vean cómo realizamos nuestras actividades cotidianas con alegría e imprimiendo siempre positividad en los nuevos retos.
  • Valorar y reconocer sus esfuerzos por pequeños que sean, siempre que se aproximen a la tarea que deseamos que inicien.
  • Emplear cuentos, historias, fantasía, creatividad, ingenio y juego para explicarles cómo lograr nuestras propias metas. Utilizando incluso algún personaje de ficción o héroe como modelo de referencia.
  • En los momentos de calma e intimidad, explicarles por qué tienen que hacer las cosas, hacía que objetivos van dirigidas y todo aquello que van a conseguir si lo logran.
  • Las metas deben ser alcanzables, es decir realistas y pequeñas, que supongan un esfuerzo pero que el niño tenga la sensación de que si se dirige a ello puede lograrlas. Si no es así, habrá que reducirlas y ajustarlas a sus capacidades.
  • Entender el “error” no como un fracaso sino como una oportunidad para el cambio para seguir mejorando. La única manera de avanzar, crecer y aprender es probar a hacer cosas diferentes, equivocarnos y aprender de los errores cometidos.
  • Por último, apostar por ellos, creer que son únicos, especiales e importantes, y que confiamos en ellos para superar cualquier reto que se propongan. 

EXPERTO:

Lucía Boto Pérez

Psicóloga

Especialista Universitaria en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Autónoma de Madrid.

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